Si alguna vez te obsesionaste por alguien, capaz llegaste a sospechar que la raíz de esa obsesión no era el amor, sino el miedo. Quienes amamos en forma obsesiva estamos llenas de miedo: miedo a estar solas, miedo a no ser dignas o a no inspirar cariño, miedo a ser ignoradas, abandonadas o destruidas.
