Usamos nuestra obsesión por quienes amamos para evitar nuestro dolor, vacío, miedo y bronca. Cuanto más doloroso es amarlo, mayor es la distracción y no nos ocupamos por mejorar nuestra vida, estamos enfocadas solo en él. Vivimos pensando que mañana será diferente. Digamos que esperar a que él cambie, es más cómodo que intentar cambiar nosotras.