Me quedo con la verguenza que me da haberte querido tanto. Me quedo con tu venganza, con tu odio. Me quedo con el no saber absolutamente nada de vos, el no saber realmente que sentias. Tal vez por el simple hecho de que nunca tuviste los huevos suficientes. Me imaginaba en tus brazos, necesitaba tus besos, necesitaba una dosis de vos, una dosis de tu mirada, de tu sonrisa, de tu voz.